ESTRAVAGARIOSIGLO21

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ESCRIBO PARA REDIMIRME DE MI MISMO

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domingo, 31 de agosto de 2008

Algo habita en el alma






Algo habita en el alma,
un tren que nunca encuentra su estación.
No temo al miedo de la espera,
al sutil avance del olvido en los raíles,
a la herrumbre, al oxido que desvela la verdad última.

Hay copos de nieve en mi memoria.
El frío de mis manos sólo me recuerda la infancia.
Tras de sombras de perfumados días no regreso,
ya he visto en sus ojos la miel de la derrota.
"Pareces cansada" pude decirle en el silencio,
más como la muerte, la sonrisa de un debito
no hiere, tan sólo es un poco más de tristeza.

El domingo es un maldito día.
Me trae sus gramos de indiferencia
mientras oigo el tañer de las campanas.



F

sábado, 30 de agosto de 2008

Tu espalda





Me habré deshecho en preguntas que tu espalda conoce,
como mis manos saben de tu piel
y mis labios cubren tus recodos más ocultos.
Siempre somos algo más y algo más esperamos del otro.
Cada noche desnudamos las palabras
y entregadas a las sombras
las tomamos en sorbos de deseo,
en ese silencio apenas percibido por el otro respiramos
y seguimos el sendero del azar
que la noche deja entre sus derribados muros.



F


Este poema lo puse en Octubre del 2007

Angela GHEORGHIU -Un bel di- Madama Butterfly

viernes, 29 de agosto de 2008

En mis manos se sujeta el tiempo.






En mis manos se sujeta el tiempo.
Es madera, agua, polvo, un latido deseando volar.

Todavía me queda el valor de la noche,
yo quizás tenga el miedo de los días muertos.

Cúbreme con el sabor de las cerezas,
ese rincón de la primavera que me reservas
para estos momentos duros.

Alrededor de tu cuerpo oigo el viento.
Las ocarinas derraman su voz sobre tu piel.
Ahora me pareces suave,
cuando estás lejos
eres tibio mármol entre las ausencias.

Saberme débil me da el vértigo de las banderas,
ese rumor del corazón en que anidan los pájaros.

Quieres saciar tu cuerpo en las faldas del atardecer,
pero morimos todas las noches en lo nocturno.

Me niegas y soy una pregunta que te debes,
quizás sea parte de esa madera que sigue dentro de tu puño,
tal vez sea el agua que te empapa cuando cierras los ojos,
el polvo que cubre el lado de tus escalofríos.

Mi cama a veces voltea el amanecer
y busca ser un muelle donde vencer el espanto de la luz.

La desolación no deja de ser una parte más del desayuno.





F

miércoles, 27 de agosto de 2008

He oído rasgar a un violín unas notas lejanas.







He oído rasgar a un violín unas notas lejanas.
Cruzo un valle para llegar al desierto.
Es la mañana un descanso certero.
Sólo los pájaros interpretan el estío
con su sabiduría del tiempo,
esgrimen una certidumbre de provisionalidad.

Hay sarmientos en los posos del vino.
Soy un eterno campo de maduración
y me sigo sorprendiendo con una lágrima
o con esa caricia que deja una mirada.
Es posible que en un verso me encuentre contigo.

El mar arde en la luminosidad de su magia.
Es imposible arrastrar tanto silencio y llevarlo a su orilla.
Quisiera ser una gota transparente y salada
y por un instante poderme olvidar de las palabras.

Un viejo buhonero arrastra su vida dentro de un carro.
Una gata de color indefinido corona la majestad de su historia.

Gime un violín descolorido entre sus dedos.
Tiene todavía en su sangre la melodía.
Es posible que rellene con su música
el sabor agridulce de la noche.

Unas monedas pueden comprar una sonrisa,
una reverencia y una mirada cómplice
en la que me regala un tiempo de milagros.

En las arenas húmedas de la playa
empiezan a posarse las sombrillas.
Yo llevo el talismán de unas palabras
que me ha susurrado el viejo músico:
“casi todo está por venir”.




Nocturno y en la distancia







Nocturno y en la distancia
el tren será una luz fugaz para tus ojos.

Tocaré tu piel para besar tu alma.
En tu silencio siempre germina la voz del bosque.
Alrededor de la sombra desfallecen mis deseos.

En el aire hay una promesa,
es la sierpe que alumbra mi humedad.
Ser ahora de nuevo el faro que acorta el horizonte,
el fanal que deslumbra el miedo,
esos pasos que te acercan sin saberlo.
Soy la estrella del poniente para tu boca.

En los matices de tu cuerpo he de demorarme.
Querrás ser un río y el frente gozoso de un huracán
pero soy un puente convencido para correr por ti,
no habrá tiempo, sólo un enigma abierto entre los dos.

Estaciones de perdón.
Lugares donde el viento se hace amigable brisa.
Ese viejo violín que sabe descender a las avenidas
y perecer una y otra vez al ritmo de una caricia.

En el banco donde el mar se extiende ante tus ojos,
recogeremos las palabras, los versos,
el vuelo blanco de las gaviotas,
un crepúsculo de encendida púrpura.





F

martes, 26 de agosto de 2008

Puedo ser el vaso cercado por tus labios






Puedo ser el vaso cercado por tus labios.
Has dejado restos del carmín entre los míos.
Sabes beber de mí,
te gusta saborear el néctar húmedo de mi lengua.

No es fácil despedirse,
dejarme en la habitación mientras te miro.
Te vas vistiendo lentamente y en silencio
para que recuerde
todo lo que estás envolviendo entre la ropa.

Tu cuerpo es como un nuevo navío
partiendo desde el muelle de mi soledad.

Hay un certero adiós,
palabras tan secas como esclavas,
pero antes debes volver a mí,
recoger mi pelo con tus manos,
acercarme a tu cuerpo y darme tus últimas caricias.

Dejarme en el oído las cosas que tu corazón me guarda,
los momentos apasionados que han de venir,
los gozos que tienes reservados a mi piel.

Desnudo entre las sábanas te extraño.
Hay un retorno a la desolación.
Si lo supieras te sonreirías como un nuevo placer.

Apenas te has ido dejándome el perfume de tu aliento,
La suave manera de mirarme que enciende las alarmas.
El saberte lejos en otras manos que también te aman.

Es cierto que la distancia es un viaje,
en él me alejo si te pienso.
Ya ha pasado una hora y para mi es un mundo.







lunes, 25 de agosto de 2008

ANTONIO VEGA :no te quiero sino porque te quiero

Sé del frío que encarna el otoño.



Sé del frío que encarna el otoño.
Es bueno.
Toda la lluvia que me empapa puede demorar la lejanía.

A veces la nieve esconde el milagro
y oigo respirar la tierra esponjosa y amante de la luz.

Me reconozco en el fondo de un pozo.
Sólo soy un trozo de madera entregado al agua.

Sobrevivo en la palabra húmeda,
en la mano amiga,
en la caricia que me espera.

Sabernos en el viento.
Bandera buscando la luz.
Todos los silencios me conmueven.
Un pájaro es un estruendo en la brisa,
trae de lejos el aroma del bosque.

Me miro en el espejo,
el remanso de un río trae siempre esa sensación de fragilidad.

Así soy parte de la historia que arrastro,
un hombre que habita su herencia,
cada recuerdo o ausencia
que de cuando en cuando me aflora.

No temo amar,
temo más la suavidad de una piel,
el lado más oscuro de un beso,
el sabor que lo nocturno abandona en mi.

Soy débil o tan fuerte como el fuego con que sé incendiarte.

Un tren se oye a lo lejos…
¿por qué siempre pienso que es el mío?




domingo, 24 de agosto de 2008

Condúceme despacio....






Condúceme despacio por este fértil campo que es tu cuerpo.
No me dejes adelantar mis pasos por el deseo.
Mis ansias apenas relajan mis músculos
y me hago pequeño y torpe ante ti.

Respiro y siento el olor de mi devoción.

Sabia en el rumor de los incendios
sabrás llevarme por lo lento y lo preciso.

Jungla. Bosque. Todos los pájaros volando.

Mi boca seguirá tus gemidos,
el eco oportuno de un estremecimiento,
el sabor sincero de un escalofrío,
buscará cada recodo húmedo
en que mi saliva pueda deshacer un sueño.

Tú regirás el don y su sendero
mientras cerco tu piel y tu pasión.
Medirás los huecos, la oquedad,
el tempo sublime del encuentro.

Habrá azúcar, sal,
todas las especias que nos traiga la brisa.

¿Cuánto amor nos cabe entre los dedos?
¿Cuánto afán de conseguirnos nos acecha?

Has erizado todo el vello de mi cuerpo,
mi sexo está a punto de la agonía.

Sudamos entre el fulgor de las sábanas,
pero sé que tú aletargas el clímax,
llevándonos cada vez más lejos…
a un viaje donde seremos solo uno.

F

viernes, 22 de agosto de 2008

Ámame





Ámame en el recelo.
En todos los silencios.
En el regazo de la tarde.
Entre los remansos del agua.

Ámame en el dolor.
En mitad de la desolación.
En el descenso de una alegría.
Entre los pasos del vértigo.

Ámame sin más que la palabra.
En la piel.
En el regocijo de nuestra saliva.
Entre las sábanas que cubren nuestros cuerpos.

Ámame cuando me veas triste.
En la otra orilla donde vivo.
En el abismo que nos separa.
Entre las horas que cubren los recuerdos.

Ámame ahora.
Despacio y rápido a la vez.
Come y devora todo lo que mi cuerpo traiga.
Hay una noche acaso que todavía no nos conoce,
en ella debemos inaugurar esta selva.



F

jueves, 21 de agosto de 2008

Me traerás el frío







Me traerás el frío.
La nieve despierta en tu mirada.
Un aguacero de todo lo que duele.

Cada silencio se desguaza como un vehiculo antiguo.
Alrededor de la soledad hay un mar que cubre con sus aguas.
Callamos en el viento y aun así nos rodea su amparo,
trae la humedad del tiempo envolviendo las horas.

Un gato es a la tarde el reposo dormido.
Te regala un ronroneo donde vuelan los pájaros.
Una llama retiene la luz y se hace vértigo de las sombras.

Te daré un poco más de mí.
Cruzaré el sabor de todos los miedos.
Desnudo, mi cuerpo apenas se distingue en lo nocturno.
Ahora será difícil que no me oigas respirar.


F

martes, 19 de agosto de 2008

Deseo







Deseo.
Me hablas desde el lado más cercano de la piel.
Eres debilidad.
Estremecimiento.
Silencio confuso.
El movimiento ebrio de mis dedos.
La sequedad de mis labios.

Tu lengua ha derribado el fulgor de la noche.
En sus cuencos nos ha derramado el aceite de lo nocturno,
el milagro de encontrarnos.

La luna nos envidia
con el rencor que sólo una hembra en celo conoce.

No hay abismos que tu boca no me haya recorrido.
Bosque de sueños y pájaros.

El suero que te humedece es un llanto de oro
que mi cuerpo te da como la nieve.

Soy el frío tibio de una rueda.
La humedad de una caricia.

Reúno el tiempo y te disperso en mi memoria
para tenerte siempre en todas mis pequeñas cosas.

El aire que respiro te conoce.

El sudor no deja de ser nuestro y del anhelo.
En los poros nos hablamos con voz de susurros.
La cama tiene un océano donde devorarnos.

Sabes de mí por el sabor de mi boca.
Cuando hablo te parece el reflejo de algún pensamiento tuyo.

Un viento deshace las hojas.
Tu corazón me habita en su pretil de sombra.
Todo lo que escribo debe ser un eco donde el río se hace grande.
Y a ti te llega dentro, profundamente.

Puentes y senderos.
Cruzo el deseo junto a tu cuerpo
y espero que en la otra orilla
la cernida ausencia
sólo sea una tristeza pasajera de mi vida.





F

lunes, 18 de agosto de 2008

Calla en la cima





Calla en la cima.
Desbórdate.
Sostén el sueño y su silencio claro.
Ahora el mar es un festín de luces.

Junto al lado contemplativo de tu esfuerzo
mis ojos guardan el pudor de una mirada absoluta.

Renuevo las ansias.
El dolor es un sujeto que madruga en mis venas.
Todo el fuego trae un esquilmado momento de fatiga.

Amar debe ser el clamor.
El espacio entre tu respiración y la mía.

Hoy tu boca perdura.
Saciada del sabor de la piel de uno tras otro
caminarás desnuda en el eco de tu soledad.

Vuelves a gemir en los labios de una cama vacía
y te puede vencer el roce suave y tibio de una mano.
El debito de una sola palabra.

Mi voz jamás abandona la noche.
Soy parte de un vino oscuro y nocturno
que se ha ido colmando de la savia del tiempo.

Duerme el ulular del viento.
Hay un pájaro de atardecer esquivo inundando el ocaso.
Está tristeza puede ser la agonía de mi viaje.
Ella me habita y se deleita entregada al frío.
Anda despacio y salva el naufragio de todas las ausencias.

Hay mujeres que pueden vestirse con la túnica de lo incesante.

A veces esta calma también me devora.



F

domingo, 17 de agosto de 2008

Me demoro en ti


Me demoro en ti.
Es fácil morir cuando nada importa.

Tantas veces como el respirar nos ennoblece
escribo en las paredes un glosario de mentiras.

Un ramo de flores se marchita en una mirada oscura.

Sabes del aroma que mis palabras tienen.
No es hielo el fértil rincón de tu piel calida
y sin embargo tan lejos como mi mano anda el tiempo.

Recorro tu cuerpo.
Te recuerdo en los instantes de gozo.
Para que mentir,
hay una savia que mana entre tus piernas,
cierras los ojos, vuelves a ser humana.

La cama es una brújula imantada al norte.
El océano es denso y su agua recita los versos como una letanía.
El viento altano me humedece las palabras.
Si he de permanecer a tu lado
debes aprender a acariciar mis silencios.

Todavía estás tibia.
Tus pétalos son de rosa.
El sabor de la noche es crujiente.
Me demoro en ti.

El cielo tiene estigmas que desconozco.
Por eso mis ojos a veces lloran.
Soy débil pero tú cantas para que no te olvide.


F

sábado, 16 de agosto de 2008

Alguna vez...







Alguna vez cuando pienso en ti
me pareces el lado amable de la soledad.
El remanso que guarda el río.
Un paisaje de silencio y pájaros.

El viento puede sonar como un bugle
que lanza las nubes a la caza
y se lleva lejos los matices de la sombra.

Los árboles se asientan sobre la tierra,
arman de esplendor una ribera
pero sueñan con cruzar los puentes.
A veces soy el árbol perfecto
ladeando mis hojas verdes a la brisa
y sintiendo rencor por la otra orilla deseada.

Mis palabras pueden servirte para deshacer
o salivar una tarde de memorias
en que el estío se extienda
como un sudor amarillo y sin fronteras.

Casi todo arde entre las manos
y los versos pueden tener el aroma del espliego y la salvia
en el humo disperso en que enmudecen.
Se saben renglones marcados por la sangre
y aún muertos respiran todavía entre tus manos.

Ahora la luz del mediodía se reserva un cuenco
donde florecer precisa y sincera,
una tibia llama para iluminar la noche.




F

viernes, 15 de agosto de 2008

Ahora te daré el dolor





Ahora te daré el dolor.
No temas, quizás sea lo más dulce que tengo.

En la brisa viajan las preguntas.
Verlas pasar entre las nubes
me recuerda una estación de metro
donde nadie sabe coger su tren.

Hay un reposo.
Un silencio que comparto contigo.
Sé que a veces es muy poco,
quisieras tener todo un alfabeto,
pero saber entender los silencios
es un viaje lejano que dura mucho tiempo.

Un deseo se recupera
nada más que se tiene cerca
el vaho del aliento,
el aroma de tu boca
siempre deshace mis respuestas.

La lluvia trae un renglón húmedo
en la mirada del horizonte.
A veces pienso en ti
como en un aguacero
que siempre me humedece.

¿No sabes de mis yemas
más que el fragor de las horas?
En la tibia caricia duermen todos los aromas.
El señuelo para que tu alma me busque.

Es tarde corazón, duerme conmigo.
Seré el faro vigía.
Tú, la barca entre las aguas tranquilas de mi pecho.

El alba sabrá esperarnos como un verso de nieve.



F

jueves, 14 de agosto de 2008

Te lo habrá dado todo






Te lo habrá dado todo
y aún así será poco.
No hay amores que se consagren al desierto
y no fenezcan en la larga travesía de una duna.
Porque quizás del amor
sólo vale el verso incontestable
de un cuerpo a cuerpo,
o el trayecto imposible de un silencio
de tus ojos a los suyos
y en ese vértice
la insinuación y el escalofrío de una caricia.


De "EL ERROR DE LAS HORMIGAS"


miércoles, 13 de agosto de 2008

Cauro viento






Cauro viento.
El ángaro se enaltece en tu prolijo impulso.

Febril noche donde tus labios se reposan.
Visito tus silencios, tu hábitat nevado.

Vasija a vasija el barro se recreo en mí.
Yo nunca fui de bronce.
El hierro me oxido como a los barcos la humedad del tiempo.

En tu saliva hay viejas historias.
Tus labios nunca mienten cuando me arrastran lejos.

Eres un viaje cercando una bahía.
Protejo el borde extremo de mi deseo.
Dársena donde las brújulas se sinceran
y duermen en las manos de Ulises.

Amar es respirarte.
Un hábito de luces cubre mi rostro.
Soy un astro sin luz cuando te alejas.

Las drizas cabalgan.
Los mástiles se conmueven y te nombran.
Al oeste el sol es un ser habitado por la calima.
Sabara derramada en los pliegues del horizonte.

Gaviotas azules remontan el cielo.
Duermen en el viento.
Cantan su dolor de sangre.

Ahora soy el faro.
¿Acaso no llega a ti el calor de mi mano?.



F

martes, 12 de agosto de 2008

Solo







Solo.
He visto el cielo,
la tormenta eras tú.
He presagiado el infortunio.
Un dios pequeño se extingue.

Hay un racimo púrpura en el cielo.
La nieve puede ser un peso en el alma.
Ahora son huellas fieles de un suicidio.

Cada beso de tus labios hiere el olvido.
Entre la sombra nocturna de tus palabras
quiero resguardar todos los excesos.
Hay silencios que obligan a calmar el corazón
como si un oxido en la herrumbre se apoderara de todo.

Serás de mármol
y la lluvia en aguacero resbalará por tu boca,
dejará en tu piel la mirada perdida.
Seré de tierra, empapado por la savia de la noche,
¿cuántas veces me arrastrará el río lejos?.

Hay luces en la oscuridad que me recuerdan a alguien.
No sé si este escalofrío volverás a ser tú
o es un incendio sin nombre, sin valor,
el ardiente devenir de un verano muerto.

Cae la tarde desnuda y lejana.
Como un pulso de las raíces,
respiran trascendencia los versos.

Hay un rumor de sangre,
esas gotas rojas que me impregnan las palabras,
¿será otra manera de morir?

El viento no calma el sueño,
un insomnio escribe febril en el dolor del tiempo.

Es posible que las cenizas del ángaro lleguen a ti.
nada habrá en ellas que quiera decirte...
hay un pozo húmedo y su desierto,
por eso será mejor no tiznar tus manos con ellas.

Derrotado, la noche volverá a ser la victoriosa.


F

lunes, 11 de agosto de 2008

Hay pétalos de olvido en la lluvia de otoño









Hay pétalos de olvido en la lluvia de otoño.

Nunca pensé en ti como ahora
en que mi boca es un pronombre posesivo.

Todas las tardes cautivan mis palabras
y se erigen en dueñas absolutas de mi memoria.
Sus dedos fríos se deslizan
a lo largo de mi cuello y de mi pecho.
Una y otra vez me ahogan.

Los renglones de incendios
saben de los caballos blancos de la noche.
De las verdades que cubre el eco de una habitación vacía.

Todavía queda parte de tu humedad,
un vaho oscuro que penetra en mis huesos.
Así debe ser el exilio o la fuga del silencio.

Percibo gotas imprecisas de ti en mi cuerpo.
La esencia enredada de los dos,
el almizcle que me sigue haciendo estremecer.
Febril y ensimismado respiro hondo.

Es de noche en mitad de la tierra.
Yo viajo en la nieve,
alrededor de un campo de barbecho olvidado
y todo lo que puedo derrotar son tormos secos,
nada que tu cintura ni tu piel
hayan vuelto a dejarse entre mis dedos.

Percibo cada segundo de la lluvia.
Es verdad que el otoño,
a veces, se decanta por venir en mitad del estío.




F

Isaac Hayes - Shaft - live 1973




Muere Isaac Hayes...padre del soul.

¿Qué ha de hacer mi cuerpo para viajar al tuyo?



¿Qué ha de hacer mi cuerpo para viajar al tuyo?

Hay en la estepa un relámpago suicida.

Cada vez que te amo mi boca se vacía.

Dentro de ti el río se desnuda,

un sinfín de pájaros me canta.

¿Cuántas noches se ceba la lluvia con mi espalda?

Puedo tener las manos abiertas a tu savia

y amarte en la constancia de una mirada altiva.

Desgrano las huellas de tu paso,

ese rumor del viento que me atosiga con tu nombre.

Eres un puente abierto a la palabra.

Yo, soy parte de un silencio que mana.

Aférrate a mí.

Incéndiame de nuevo.

Hay un cielo de astros que inunda la nostalgia.

El sabor de tu piel rehace tu figura.

Estás llegando tan cerca de mis labios

que si te beso despertarás mañana.

Hay en el crepúsculo un billete de vuelta,

tenlo entre los dedos mientras nos vamos lejos.

F

domingo, 10 de agosto de 2008

En un silencio.....








En un silencio hay un abanico que altera el aire.

Puede tu boca soplar y ser un pájaro el que nace.

Recorrerme es tan sencillo como nombrar el eco.

En esa tarde estabas durmiendo tus manos

mientras la lluvia seguía asombrándome.

En los cuencos de la noche no cabe más luz,

los astros son celosos de la verdad del universo.

Es posible, tan sólo posible, que cuando te acaricio

todo lo que debe ser nocturno y oscuro

se ilumine como si un relámpago incendiara el bosque.

No sé si el faro teme ser sólo referencia de un punto geográfico

o se siente el héroe cuya ternura desnuda el océano.

Soy demasiado esquivo con la verdad,

la que deslumbra siendo nieve de invierno

y una rosa es su peculiar estigma ensangrentado,

y la que puede sembrar una duda

cuando en un viaje,

alguien desprende un adiós silencioso

con una lágrima que alcanza el color de la púrpura.

En esta tarde caben todas las respuestas,

el miedo es un vino tinto que embriaga los sueños

y entre mis dedos se me han caído al suelo

los últimos versos que hablaban del fuego.



F


viernes, 8 de agosto de 2008

Una mano puede mantener la humedad



Una mano puede mantener la humedad,
el fragor de una caricia,
aunque el desierto se derrame en su lluvia de arena.
Puede templar la tarde una mirada abierta.
Una lágrima sujeta un mundo de especies perdidas.
Una boca adelanta las banderas,
en su voz un relámpago es una palabra que incendia los barcos.
El mar lo sabe.
El mar nunca nos devuelve lo pactado,
sólo el final de un naufragio
se abate en las olas de la playa.
Casi todas las nubes del ocaso duermen en la oscuridad de un océano.
Ellas quieren encenderse en el púrpura de su fugaz destino
pero siempre acaban superadas por el tiempo.
Tengo todas las páginas de tu cuerpo exhausto en mis sábanas.
Estas empapada de un barbecho de flores amarillas.
Mis manos acariciaron la rotundidad de tu verbo
e incluso supieron derrumbarte en un ramillete de gemidos.
Has venido sola.
Siempre lo haces convertida en la hiedra más frondosa.
Te has hecho a ti misma reina de la esgrima.
Tus dagas caminan en mí con ese sudor de la sangre que nunca acaba.
Allí, en mitad de cualquier noche, vuelves conmigo y te sacias.
Nunca hemos acabado una conversación,
pero siempre encuentras en el humo de tus labios
el último deseo donde ahogar lo nocturno y oscuro,
aunque el amanecer tenga en sus ojos las lágrimas más precisas.

F

jueves, 7 de agosto de 2008

Insomne en el mar








Insomne en el mar.

Un faro puede desembalar las caricias.

Alterar el curso de la historia.

La tuya y la mía,

tan expuestas a los vientos del norte

como al detalle de una lengua de agua.

Sé de los desiertos que lamen mi alma

con esos labios gruesos

cuya humedad es su escalofrío.

Sé del lado azul de tu cintura,

estravagario donde perder mis palabras

y sembrar con mis manos

un cúmulo de sensaciones

que te hacen enmudecer.

Me temes. Te temo.

Un pájaro anida entre las plumas del alba.

Ciegos, sentimos el paso de su vuelo

Apresados en la cama

nadie nos conocerá como ahora.

Más que desnudos.

Más que silenciosos.

Entregados.

Fusionados.

En el bosque llueve,

allí tú y yo nos salvamos juntos.

F

Sting - Fragile (Live)

miércoles, 6 de agosto de 2008

La tarde ( y 2) ....



Quizás la tarde sea un rosario de bienes.
Afuera nadie conserva el deseo,
hay ardientes muros donde se refleja la sangría,
una sombra es a veces una penumbra para el alma.
Tú y yo entre estas cuatro paredes
hemos detenido el tic tac de nuestro pequeño mundo.
No sé más que perderme entre tus dedos,
saborear el almizcle que me ofreces antes de devorarte como presa,
aunque nadie conoce mejor que tú toda la magia que posees.
Intento subir por tus piernas
al paso lento del sendero que me marcas.
Cruza una ambulancia la avenida,
parece el resuello de la fiebre,
el resorte que te hace despertar.
Ahora me dominas el cuerpo,
tu boca me sustrae y me transporta,
puedo sentir tu respiración en mi pubis,
los golpes de timón y la marea
mientras me pierdo mirando la paloma de Picasso
y entre mis dedos tu pelo se hace una ensortijada selva.

F

martes, 5 de agosto de 2008

Crece el viento






Crece el viento.
Los presagios de ti son lluvia en las Azores.
Hay un lamento continuo entre mis manos:
te saben en los límites de tu piel,
en lo recóndito.
Cada silaba que sustraen de tu epidermis
se recrea en la mía.
Mi piel también te llama con urgencia ebria.
Conduzco un barco sin rumbo, sin pulso.
No me reconozco en ningún puerto,
aunque ellas, fugaces, sepan del asombro y del amor frutal
en que dos sombras encadenan unas horas.
Los pájaros abren sus cuencos y me devoran los olvidos,
en sus miradas sostienen un reflejo de todo lo que temo.
Hay palabras rojas en el agua,
gotas indescifrables que tu leías en la maleza de la selva.
Los pétalos del sol arrecian
como si nunca llegará la tarde a enmudecer,
pero en este banco,
bajo esta sombra,
sólo los aspersores
defienden el territorio cada amanecer.




F

lunes, 4 de agosto de 2008

La tarde....






La tarde habilita un trasiego de murmullos.
¿Qué tendrá este estío que me inunda?
Su desnudo abre el fértil regalo de la sombra.
La persiana deja entrever los golpes de la luz:
la cama de madera, las sábanas azules,
el color terroso de las paredes…
Soy un desierto de sed inquietante.
Fruta madura, tus pechos me sostienen.
Ahora con suaves y constantes círculos
tocas tu sexo con los dedos.
Me miras desde el silencio antes de cerrar los ojos
y darme la humedad de tus yemas a mis labios.
No sé cuantos incendios traerá el ocaso,
este atardecer de pérdidas,
pero mi boca sabe ahora de la tormenta
y del agridulce sabor de la lluvia.




F

domingo, 3 de agosto de 2008

Arrecia la lluvia






Arrecia la lluvia y su silencio no es la luz de tus ojos.
La tristeza es un sendero inacabado,
por eso perderse en ella cuesta tan poco.
Es cierto que si he de elegir
prefiero estar dormitando en tu regazo,
respirar el olor corporal de tus tardes,
sentir palpitar tu corazón
y oírte cantar viejas canciones
de héroes y sueños
mientras beso tu piel y te acaricio.
En ese cuarto que ilumina un mar ebrio de ti
he de dejar todo mi orgullo,
deshacerme en tu cuerpo
siguiendo el ritmo pausado de tus dedos
al recorrer mis cabellos
y saberte sabia al murmurar palabras sobre mí.
Puede que el deseo me inunde
y tenga un rastro de océano
en el que ahogarme contigo,
e incluso sepa darte el placer
más humano que conozco.
Ha de haber un mundo sin tiempo
para fundirnos un instante…
A veces el amor sólo dura eso,
una tarde de un verano calido,
porque nunca vuelve a ser igual.


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