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lunes, 6 de febrero de 2017

domingo, 5 de febrero de 2017

Escucho los latidos de un ángel






Escucho los latidos de un ángel.
Entre las manos me queda el polvo de sus alas.
Un sueño nocturno de puentes levadizos,
el azul y no el blanco satinado de sus labios en mi pecho.
Se ha disuelto un aroma a sándalo
como el humo de un incendio lejano,
he sentido en mi boca
el almizcle en que se junta un silencio y la palabra,
la voz de los sasánidas, la música de un persa,
el laúd envolviendo con sus notas los últimos pasos de la noche.




f.







Ella...








...

ella que sabe trepar como las hiedras
y descolgarse en pétalos de rosa sobre mi boca.



f.




Reúno una gavilla de sensaciones








Reúno una gavilla de sensaciones,
la mies del tiempo en un verano largo.
Tengo un ábaco cubierto de preguntas,
una certera llama,
la noche pronunciándose en el fuego.

Dudas respirándome en el pecho.

Cada latido una flor, una amapola,
un ramillete de cerezas,
una rosa roja olorosa y esquiva.
Todos los pájaros solitarios,
las luces derramadas en los charcos,
la violencia del viento en las esquinas,
rastros de ellas entre las gotas de la lluvia,
el dolor del silencio
contenido en un amanecer de invierno,
la nieve, la escarcha, el rocío…
cuerpos delatándome entre las sábanas
lo promiscuo de un deseo.

Algo contiene este puente que cruza el desierto,
ese faro habitado por el diablo,
una mirada sin más búsqueda que la certeza
de que todo es imposible y por eso se busca.

El saber de los bosques en los ojos,
el recorrido que el mar deja en la boca,
cada puñado de centeno entre los dedos,
la miel de abejas laboriosas
o el escanciado fruto de lagares,
todo viene a mí envuelto en la luz
o derramándose sobre mi pecho
como un estigma doloroso
o una desazón que se reposa
entre los pliegues volubles de mi desconcierto.



f.




No cabe la noche entre tus dedos fríos








No cabe la noche entre tus dedos fríos.
Una mirada de nieve puede derrocarnos,
tendernos en mitad de este silencio
y escribir allí, con lágrimas, lunas de basalto.




f.




Ahora sé tanto como tú






Ahora sé tanto como tú,
he oído el canto de los pájaros,
una sombra
no deja de ser
más que un aliento de voces,
ese vaho de latidos en que te siento,
cuando segundo a segundo,
vencemos el miedo
al amarnos.



f.







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