
No me humilla sentirme vencido por la lluvia,
ni este ir y venir del agua entre mis manos.
En mi silencio puedo ser como la tierra:
huérfana de ti, un desierto
o su barbecho herido;
tras tu caricia un campo abonado,
una mies de dorado trigo,
el futuro pan,
la hogaza en su blancura.
Demoro el tiempo, paro todos los relojes
que me incitan a predecirme.
No me tiembla la mano,
es el dolor de sus raíces
que me intentan derrotar de nuevo.
Algo crece al norte, es el bosque,
quien tenga el poder de su voz
podrá abrigar la noche
y sentir en los pájaros la ternura.
Hay un incendio de palabras. Tú callas,
Pero sé de ti tanto como de la holgura del amanecer.
Nunca pudo el agua esparcir la arena
más allá de los límites probables de la imaginación,
esos que tú tienes en tu piel,
ardientes y sonámbulas hogueras
que me llaman desde lejos
y me nombran tan cerca.
F
8 comentarios:
Nada hay de humillante en el sentir, si acaso doloroso, pero siempre hay una brizna de dicha, un color que pinta de luz el instante y ¡qué hermoso saber encontrarlo y saber verlo!
Besos.
nunca la rendición...
reinventarse (las tretas para no deslizarse por la última grieta)
... escuchar los cantos mientras los sentidos respondan a los estímulos que nos hacen vivir
... y los relojes, enterrados
un abrazo
incendio de palabras y callar...
es dolorosamente inmenso este poema...
besos
Ah...bello. Si esto es parte de lo advertido que continúe.
El agua... siempre presente en tus poemas Fernando...Bajo todas sus formas....
Un beso f.
Intenso sentir, Fernando. Un poema lleno de luz, pasión y naturaleza.
Besos
Entre la lluvia y ella, vas sembrando el camino de letras. Abrazos.
Sobrevivir a tu ausencia..
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