Es la hora del crepúsculo
cuando los pájaros son la púrpura vencida de la tarde.
Todos los silencios se desperezan
cuando vienen en su cohorte de débitos
y en su rumor de ángeles
custodian este aljibe de lluvias.
Perezco entorchado en las lágrimas,
¡que rojo es el pulso de esta muerte anunciada!...
habré de salvarme en tu vientre,
como otros días en que me habitas.
Desnudo soy parte de lo cálido,
en tu piel el resto del mundo apenas me percibe
y enredado en tu vestido
soy el desafío último que te queda
para respirar el resto de la noche.
F
2 comentarios:
Es la hora donde el amor se hace necesario para iluminar el crepùsculo. Abrazos.
Delicia hecha sinfonia, que toca una mano como la suya, poeta del Cierzo.
Un abrazo mu fuerte
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