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sábado, 14 de mayo de 2011

Café París VIII








Desde la altura de las gárgolas
los tejados de París se dejan visitar con la mirada,
allí donde anidan los pájaros
y las chimeneas se desnudan en su fragor de humo,
la ciudad es una metáfora de pizarras negras
donde escribir viejos cuentos y relatos de hace dos mil años.
El Sena se mece en su dolor de isla
y los barcos son remotos carruajes con sus huellas de agua.
Los puentes se habitan de palabras
y crecen a lo lejos como un enhebrado curso de pasiones.
Así y todo, un verso puede traer un incendio,
suenan nerviosas las sirenas
y
les sapeurs pompiers llegan rápidamente con sus mangueras
para que todo siga su curso normal,
pero desde aquí arriba la piedra dormita en su propio tiempo
con el sereno esplendor de envejecer en la eternidad.




1 comentario:

Oréadas dijo...

Me encantan las gárgolas, me transportan a un tiempo de misterio...
Un beso :-)
Pd: Te envié un relato a la biblioteca de Babel.

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