
Irradia el día una nostalgia antigua,
vertida en los rincones,
nos deshace el alma.
Tú sabes de estos días,
los quizás imperturbables y del acoso,
que habitan en un nido de presunciones y silencios que nos atan.
¿Cuántas preguntas se quedan en tus labios?,
nunca lo he de saber,
del mismo modo
que mis ojos no hablan
cuando te acarician
dormitando en tu cuerpo.
Es el día, será la tarde su progreso inevitable,
pero cada vez más me encadena un desierto,
un horizonte plano y opaco,
en él tampoco existen muelles
y los barcos son los restos perdurables
de todos mis naufragios.
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6 comentarios:
¡Qué melancolía, Fernando! Como el anterior poema, desesperanzado y bello. Qué distintos a los de hace tan pocos días,llenos de pasión. Faros solitarios, barcas varadas y desiertos inclementes.
Besos.
Estas muy melancólico si...
:-S
Siento una melancolía que me lleva a la tristeza...
tus palabras son bellas... pero los naufragios, aunque aveces inevitables...no.
te quiere
Rox
Esos desiertos que engullen.
Precioso.
Un abrazo.
Estás muy dulce y tristón. ¿Qué te pasa? ¿Voy a tener que ir a tirarte de las orejas? Besazos alegres Fernandddoooooooo¡¡¡¡ muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Hermoso...comprendo...
Un fuerte abrazo
Alba
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