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lunes, 31 de mayo de 2010

Uno a uno





Uno a uno marqué todos los números de tu teléfono,
aunque en el último me equivoqué a conciencia.




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viernes, 28 de mayo de 2010

De repente vino el verano






De repente vino el verano.
Aquella tormenta trajo el aroma lejano del desierto,
la cúspide del viento,
el fuego y la arena húmeda envolviéndolo todo.

Bebí de esa lluvia,
la sed me buscaba entre sus labios,
en los pliegues de la piel hervía una herida,
susurros recorridos por los astros.

La luz tintineaba lechosa entre tú y yo,
mientras, brusco,
el silencio cabalgaba de nuevo en la tierra
como un torrente azulado en la orilla caliente de la noche.





domingo, 23 de mayo de 2010

Hay una eternidad en cada amanecer









Hay una eternidad en cada amanecer.
Una isla rodeada de ti,
sus pájaros,
su día de lluvia en el arco iris,
la razón de un viaje continuo hasta tu cuerpo.
Nos queda entre los labios una canción del sur,
un bandoneón que se llevó la noche,
la estrategia de la geografía,
una frontera sin palabras
con el aroma de lo reconocible.







F


Café París XV





Todas las mujeres saben de París
porque sus besos se dejan parte de ellas en el viaje.
Solitarios puentes de miradas antiguas,
días de recorrido lento y huellas profundas,
los silencios hablan de los pasos perdidos
y su voz vuelve a perdurar
como una nueva estatua
mirando desde una atalaya al río.

Todas las mujeres que me han besado en París
tienen todavía su puente,
su estatua, su mirada, su río.






Foto de Rosalía Calvo


lunes, 17 de mayo de 2010

domingo, 16 de mayo de 2010

Plena mar







Plena mar, ahora la lluvia trae lo oscuro del silencio.





Fotografía de Malatorre



martes, 11 de mayo de 2010

Hubo doscientas flechas






Hubo doscientas flechas.
Un hombre muerto.
No recuerdo su nombre,
solo la vanidad hundida en su rostro.




F


viernes, 7 de mayo de 2010

Se hace simiente






Se hace simiente en los tejados
y crece desnuda, poco a poco,
con el suave beso de la luna.
Amanece en la labor continua de la tierra,
en la fragancia de la bruma,
en la humedad del agua.
Queda sin ambages,
debajo de su estola aguarda un rincón de niebla,
la voz delatora de los pájaros,
el tañido hiriente de todas las campanas,
el ir y venir entre las sombras de todas las preguntas.
Si ha de ser la luz la herida,
ella, la que arrastra las hojas en el vaivén del aire,
la que desmenuza los granos de arena del silencio,
la que conmueve al día
y se erige en pregonera de las nubes,
creadora del color de los árboles,
del renacer de las flores,
también traerá con su vértigo
la rueca donde tejemos cada uno
el lento devaneo con el tiempo.





F


lunes, 3 de mayo de 2010

Como un soplo






Como un soplo,
el silencio abrió la sombra.
Dejó en el aire el aroma de la lumbre.






F



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