
húmeda, caída insuperable,
arbitrio de dudas.
Tú, erguida,
desnuda,
arrebatada sobre la cama,
aferrada a mis caderas,
fundida en el bronce,
en la carne,
en el yugo férreo...
dándolo todo
en un segundo eterno.

Entre los puentes una huella
puede traer tantas voces
como pasos hizo para llegar a él.
F

Vengo de lejos y París es una lluvia de incesantes trazos.
Cruzo las avenidas,
bulevares de nombres que me quiebran con su peso
y me pierdo entre los árboles que nadie recuerda.
He visto unas mujeres abrazadas,
hermosas y alegres
parecen despreocuparse del invierno
y no sé decirles más que es imposible
tanto gozo en un día así…
Ellas se ríen de mí y me dicen: “monsieur nous sommes à París”.
Será verdad que mis huellas saben más que yo
y aceptan este juego equivoco
que ilumina la tarde como un fogonazo
y me desliza en el alma la sensación de la primavera.