lunes, 18 de diciembre de 2017

Todo es perpetuo en el atardecer.









Todo es perpetuo en el atardecer.
Queda en la retina de quien mira
las sombras en genuflexión
ante el paso del cáliz y los óleos sagrados
en las manos del cura vestido con su estola,
y acompañado con el sonoro tintineo
con que toca a muerto una campanilla
llevada por un niño vestido de monaguillo.

Todos contemplan apesadumbrados
la casa a la que ha llegado la hora
y murmuran “a otro que lo llevan al Señor”



f.




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