
Desnuda, la caricia quedó entregada en el límite.
Un rincón de mí se dio entero,
se estremeció en el dolor y en la dicha,
se asentó en tu piel
y escuché entonces, desde la lejanía, palpitar la vida.
Un rincón de mí se dio entero,
se estremeció en el dolor y en la dicha,
se asentó en tu piel
y escuché entonces, desde la lejanía, palpitar la vida.
*
Una vida que es impagable. Abrazos.
ResponderEliminarA veces es un regalo.
ResponderEliminarUn abrazo.