
Fui madera en el advenimiento de tu cuerpo,
la ansiedad del humo,
mientras fue tu mano
la que meció el fuego
y tu boca era
la que soplaba ante la noche
oscura y densa.
Después surgió la caricia,
cuando todo era régimen de ceniza
y entre las sábanas cabían todos los matices,
todas las preguntas que nos traería el alba.
la ansiedad del humo,
mientras fue tu mano
la que meció el fuego
y tu boca era
la que soplaba ante la noche
oscura y densa.
Después surgió la caricia,
cuando todo era régimen de ceniza
y entre las sábanas cabían todos los matices,
todas las preguntas que nos traería el alba.
Matices en el fuego.
ResponderEliminarSólo la madera lo sabe.
Un abrazo.
Yo habría elegido un material más duradero. Uno que no se hinchara con la humedad y que perdurara al fuego, pero probablemente menos noble.
ResponderEliminarBesos